Jesús y Ángela. Jesús y tú

Leí, hace algunos años, la vida de santa Ángela de Foligno. Y me impresionó tremendamente el modo en que Jesús, en aquellas revelaciones, se dirigía a esta mujer como un pretendiente que cortejase a su amada. Le decía: «Toda tu vida, tu manera de comer, beber y dormir, y tu vivir, todo me gusta… Hija mía, querida a mí, más que yo a ti… Templo mío, delicia mía… Tú tienes el anillo de mi amor, y estás prendada de mí, y jamás te alejarás de mí». Comprenderéis que esta mujer, al escuchar aquello, se sintiera abrumada.

Pero no concibo otra manera de relacionarse con el Señor. ¿Podremos cumplir el mandamiento nuevo, como yo os he amado, amaos también unos a otros, si no hemos gustado primero su Amor? Antes de lanzarnos a amar al prójimo, ¿no tendremos que preguntarle a Cristo: «Señor, ¿cuánto me quieres?»?

No se es verdaderamente cristiano hasta que el corazón no ha sido conquistado por ese Amor. No tengas miedo. Arrodíllate ante un sagrario, o ante un crucifijo, y pregunta: «Jesús, ¿tú me amas?». Después, calla y escucha.

Sólo quien se deja amar puede cumplir el Mandamiento Nuevo. Hay que ser muy feliz para ser santo.

(TPC05)