Jesús no necesita pizzas

«¿Cómo estás?»

Deberías escuchar, en tu corazón, estas palabras cada vez que entras en la iglesia y te arrodillas ante un sagrario. Es Jesús quien, desde el tabernáculo, te lo pregunta. Te estaba esperando, se alegra de verte, y quiere saber de ti. Anda cuéntale: «Señor, estoy…»

Al que venga a mí no lo echaré afuera.

Nadie tan acogedor como Él. Se abrieron sus brazos en la Cruz, y abiertos continúan en el sagrario. La llaga de su costado es la puerta que jamás se cierra, y que invita a quien se acerca a ella a cruzarla para encontrar su hogar en ese Corazón sacratísimo.

No hagas la visita al Santísimo como si fueras un repartidor de pizzas en la casa de Dios: entras, disparas unas oraciones, y te marchas corriendo, porque tienes mucha prisa. Jesús quiere acogerte dentro de su casa, quiere refugiarte en su corazón. Escúchale, déjate querer, cuéntale tu vida, descansa en Él… Saldrás de la iglesia reconfortado.

Después, haz tú lo mismo que Jesús ha hecho contigo. No rechaces a nadie; sé acogedor con quien se te acerque. No podrás caer bien a todo el mundo, pero procura que nadie se sienta jamás rechazado por ti.

(TP03X)