Hoy ha muerto Dios

En este día, la Iglesia le grita en voz baja al mundo entero que ha muerto Dios.

¡Qué terrible noticia! Porque, si es Dios, no debería morir. Y, si muere, parecería demostrado que no es Dios. Así pensaron, sin duda, quienes lo mataron.

Sin embargo, Dios ha muerto en verdad. Y, muerto, sigue siendo Dios. Su Amor ha trascendido toda frontera y ha alcanzado hasta más allá de la muerte. Ese Amor es el que yace esta tarde en un sepulcro. En el reino de los muertos, el abrazo de Dios perfuma de gracia las tinieblas.

Pero, antes, miradlo en la Cruz. Mirad cómo su Amor se extiende por los pueblos del dolor. Nada sano hay en Él: coronada de espinas la cabeza, abierto a latigazos el cuerpo, cubierto el rostro de salivazos, desnudo entre injurias y blasfemias. En esa Cruz, Dios ha conquistado el sufrimiento, y ahora puede el hombre sufrir como Dios.

Dios muere de Amor. Ofrece su vida al Padre para obtener el perdón de mis culpas. «Mira cómo te amo», me dice, silencioso, desde el Leño.

Hoy debemos dejarnos amar. No es día para hacer, sino para recibir en silencio el Amor. Hoy Cristo nos conquista.

(VSTO)