Hogueras en verano

Con los calores de final de junio, evangelios como éste son poco refrescantes. Pero tampoco nos salvará el aire acondicionado. Aunque no refresquen el cuerpo, las palabras de Jesús vivificarán el alma:

El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego.

Son palabras parecidas a las que recoge san Juan durante la última cena:

Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden (Jn 15, 6).

Jesús no pronuncia estas palabras para amenazar al hombre con el fuego eterno, sino, precisamente, para que lo evite, y realice durante su vida lo que, después de la muerte, sólo puede cumplirse por la condena.

Repara en el árbol de tu ego. Es mastodóntico, y te encanta mirarlo, admirarlo y hacerlo admirar todos los días. Pero no da fruto, no aprovecha a nadie más que a tu orgullo. Tálalo, trocéalo, y arrójalo, por la penitencia, la obediencia y la oración, al Fuego del Espíritu. Deja que la divina gracia queme tu «yo», y te convierta en otro Cristo. Serás, no un árbol nuevo, sino un sarmiento vivo de la nueva Vid: Cristo.

(TOI12X)