Hay un amigo esperándote en tu cruz

¿Cómo reaccionas ante el anuncio de Jesús? El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Como los apóstoles, quizá te asustas. Sabes que, al predecir sus propios padecimientos, nos marca el camino a nosotros, que queremos seguirlo. Hubieras preferido que dijese: «El Hijo del hombre tiene que ser alabado, comer gambas a la plancha, beber buen vino, dormir ocho horas todos los días y gozar de salud perfecta hasta los cien años, para, después, irse al Cielo a seguir pasándolo bien».

Pero no ha dicho eso. Ha marcado un camino a través del dolor. Por eso tiemblas.

No tiembles. Hay una enorme diferencia entre su Pasión y nuestras tribulaciones (las que ya están, y las que vengan). Jesús padeció solo; nosotros padecemos abrazados a Él. Lo acompañamos, pero más aun nos acompaña Él a nosotros.

Deja de soñar con gambas a la plancha (que también las habrá, a su tiempo), y aterriza. Ibas a padecer de todas formas, porque todo hombre padece en este mundo. Pero Cristo ha padecido para que, al encontrarlo a Él clavado en tu cruz, no temas ya al sufrimiento.

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