Hambre de Cristo

Muchas veces, los sacerdotes recibimos los domingos, en el confesonario, a penitentes que se acusan de haber faltado a misa el domingo anterior. Demuestran que tienen una conciencia recta, que saben que faltar culpablemente a misa un día de precepto es pecado grave, y que no deben acercarse a comulgar en pecado mortal. Pero el sacerdote nunca se queda del todo tranquilo… Falta hambre.

Si, por cualquier motivo, paso un domingo sin probar bocado, no espero al domingo próximo para comer. El hambre me quita el sueño, y el mismo lunes haré lo imposible por saciarla en el desayuno. ¿Por qué, entonces, un cristiano puede pasar un domingo sin comulgar, y espera al domingo siguiente para confesar y acudir a la Eucaristía? Porque no tiene hambre.

¿Por qué hay tan pocos cristianos con verdadera hambre de Cristo? Supongo que el motivo es que estamos tan saciados de cosas, que no sentimos necesidad de Dios.

No quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan… Comieron todos hasta saciarse. El problema viene cuando ya estás saciado antes de comer.

Sé sobrio durante el Adviento. Haz hambre. Mira que se acerca un banquete, y, si quieres disfrutarlo, deberías llegar hambriento a la mesa.

(TA01X)