Haced vosotros lo mismo

La acusación con que los fariseos despreciaban a Jesús, aunque insolente, se quedaba corta: Ese acoge a los pecadores y come con ellos.

Es verdad, fariseos, Jesús acoge a los pecadores y comparte mesa con ellos. Por si fuera poco, los mira con cariño, les muestra todo el Amor de Dios por ellos, les perdona sus pecados, y, llevando las cosas hasta límites que vosotros no podéis soportar, los elige para que sean apóstoles. Lo único que no hace Jesús con los pecadores es darles la razón en su pecado. Con toda claridad les manda que no vuelvan a pecar. Fijaos bien, fariseos, cómo acoge el Señor a los culpables sin bendecir, a la vez, sus culpas. Y a su Madre, que es también Madre nuestra, la llamamos los cristianos «refugio de pecadores». Ese Amor del cielo por los miserables nos ha salvado; y os salvaría también a vosotros, si os dejaseis salvar.

Ojalá, no sólo recibieseis ese Amor, sino que lo propagaseis. Y, en lugar de encerraros en vuestros grupos herméticos de «gente pura», salierais a las calles a comer y convivir con quienes viven lejos de Dios. Quedan muchos pecadores que aún no saben que Cristo los ama.

(TOI31J)