Ha enloquecido la abuela

A sus ochenta y cuatro años, Ana es una profetisa bailarina, una anciana respingona que es tan capaz de ayunar días enteros como de brincar por todo el templo, logrando que la tomen por loca.

Alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Está claro que nadie le hizo caso, porque, de haber sido así, la escena de la Presentación del Niño Dios hubiera estado plagada de adoradores. Lo único que logró la santa anciana fue que la mirasen con desprecio. «¡Cosas de la edad!», decían… «¡Esa vieja está para que la encierren! ¿Has visto cómo salta?».

A todos aquellos tan «sensatos» que desprecian los brincos de Ana habría que decirles que son ellos los que han perdido el compás. Estar loco es la última moda. Si Dios mismo ha enloquecido de Amor, y ha saltado del cielo a la tierra para postrarse a los pies del hombre, ¿qué tiene de extraño que brinque de alegría esta anciana tan llena de Espíritu? Lo raro es que haya cristianos tan «modositos» a la hora de manifestar su fe.

Soltaos el pelo, por favor. Bailad un poco. Haced locuras. ¡Que ha nacido Dios!

(3012)

“Evangelio