Gritarán las piedras

La entrada de Jesús en Jerusalén, aclamado por sus discípulos, exasperó a los fariseos.

¡Maestro, reprende a tus discípulos!

Jesús respondió: Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras.

No tuvieron que esperar mucho tiempo aquellos fariseos. Cinco días después, en lo alto de una roca, Jesús moría crucificado. Y nadie gritaba:¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor!Quizá muchos, de entre quienes lo aclamaron el domingo, pidieron su muerte en aquel viernes. De todas formas, cuando Jesús murió, todos callaron.

Gritaron, entonces, las piedras, con un crujido aterrador, conforme había profetizado el Señor. Así lo narra san Mateo: La tierra tembló, las rocas se resquebrajaron (Mt 27, 50).

No te extrañe. La Naturaleza clama la justicia de Dios cuando el hombre ultraja su misericordia. La arrogancia de tus excesos juveniles la pagas con una vejez miserable. La orgía de tus fornicaciones la pagas con una náusea perpetua. La codicia a la que entregaste tu vida la pagas con la soledad en la que mueres. El odio que destilaste lo pagas con el odio que ahora recibes.

Estás a tiempo. Cesa en tu pecado. Aclama a Dios, y las piedras te alfombrarán el camino hacia Él.

(DRAMOSC)