¡Gracias!

Al Niño Dios hay que mirarlo, en el pesebre, como se mira al mayor regalo del Cielo. Mientras lo contemplas, escucha, por detrás, la voz del Padre: «Tómalo, cógelo en brazos, bésalo; es para ti». Con la misma gratitud debemos acogerlo, en cada comunión, de las manos de María. Es ella quien ha depositado en la mesa del mundo al Pan de vida, y es ella quien, a través del sacerdote, lo deja en tus labios cuando comulgas. Comulga como quien besa.

Y pregúntate, en estos días, qué habría sido de tu vida si Cristo no hubiese nacido. Te confieso que me horroriza la respuesta. Pero, tras ese horror, como por contraste, me doy cuenta de lo mucho que ha supuesto Jesús para mí.

De la misma manera recuerda Juan aquel primer encuentro con el Señor que cambió del todo su existencia: Era como la hora décima… ¿Qué buscáis?… Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?… Y se quedaron con él.

Mientras miras al Niño, haz lo mismo que Juan. Recuerda cómo lo conociste, considera lo que Él ha significado en tu vida… ¿No te dan ganas de llorar de gratitud?

Es una palabra hermosa para musitarla ante el Belén: ¡Gracias!

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“Evangelio