Gracias, san Lucas

Inmaculado corazón de MaríaPor dos veces –después de la adoración de los pastores, en Belén, y tras encontrar a su Hijo, perdido en Jerusalén– nos dice san Lucas que María conservaba todo esto en su corazón. Habría mucho que decir de «todo esto», pero quisiera centrarme en el resto de la frase, en ese «conservar en el corazón». ¿Qué quieres decirnos, Lucas? ¿A qué te refieres?

Te refieres, como Juan, a un corazón abierto. Juan nos muestra el de Jesús, herido por la lanza y aún rasgado tras su resurrección. Tú nos muestras el de la Virgen santísima. El de Jesús entrega, el de su Madre recibe. El de Jesús es cavidad que mana sangre y agua para la Redención del género humano. El de la Virgen es puerta de un santuario donde es acogido el plan de Dios.

Te refieres a un corazón silencioso, que no se precipita en extraer conclusiones de cuanto ocurre, sino que acoge la verdad, la abraza, la contempla y la medita como acariciándola con la mirada del alma.

Y te refieres, desde luego, a un corazón rendido y entregado, en el que no reina otro deseo sino el de hacer la voluntad de Dios.

¡Gracias, san Lucas!

(ICM)