Gente feliz a la que nadie hace caso

MagdalenaEn el breve relato que hace san Marcos de las horas siguientes a la resurrección del Señor, los primeros testigos parecen ser tomados por locos. Son gente feliz a la que nadie hace caso.

Se apareció primero a María Magdalena… Ella fue a anunciárselo a sus compañeros… No la creyeron.

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

No te extrañe que te suceda lo mismo. El mundo no ha cambiado tanto desde entonces. La gente te mira, y piensa: «Éste, ¿de qué va? Está loco, no se puede ser tan feliz, la vida es dura. Le habrán lavado el cerebro, o se habrá sugestionado. Ya se caerá de las nubes».

No debería sorprenderte. El anuncio es necesario, pero no basta. Es preciso acortar las distancias, crear con los hombres lazos valiosos de amistad que les permitan comprobar que no eres un cartel publicitario, ni un chalado a quien han contado una historia bonita. Sólo desde esa distancia, la de la amistad, verán que eres «de verdad», y que las puertas de esa inmensa alegría están abiertas también para ellos.

(TP01S)