Gente de fiar

Algún día, espero que pronto, tendremos que desandar el camino andado para recoger los grandes valores que arrojamos a la cuneta como si fueran despojos.

Una de las grandes pérdidas de esta generación loca es la veracidad. Dejamos de apreciar lo que supone ser «hombres de palabra» cuando creímos, insensatamente, que la mentira nos hacía libres. Así entregamos las almas de nuestros hijos al padre de la mentira. Hoy día, si una persona afirma ser «hombre de palabra», será tomado por tonto o por ingenuo. Nuestras palabras, en la actualidad, valen lo que valen nuestras mentiras.

Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Es decir: «que tu “sí” signifique “sí”, y tu “no” signifique “no”». Que quien te oiga decir sí o no pueda fiarse de ti, porque le has demostrado que jamás mientes. Esa condición, por pasada de moda que se encuentre, te convierte en un «hombre de fiar».

Somos discípulos de la Verdad, no lo olvides. Ojalá, cuando nuestra sociedad sea consciente de sus errores y quiera recuperar el amor por la verdad, se dé cuenta de que ese amor lo hemos guardado los cristianos, y acuda a nosotros para que se lo devolvamos. No mientas jamás.

(TOI10S)