Fui joven, ya soy viejo

Prediqué acerca del sentido del sufrimiento. Al terminar, una joven me dijo: «A mí me gusta mi vida. Yo estoy muy bien, salgo mucho de fiesta, tengo amigos, he aprobado todo y dentro de nada estaré de vacaciones».

Me sonreí por dentro. Y por fuera. Se notaba a la legua que la chica vive con papá y mamá, que papá y mamá son un matrimonio bien avenido, que la comida está puesta cuando ella llega a casa, su ropa está lavada todas las mañanas y no tiene la menor idea de la cuota de hipoteca que sus padres pagan cada mes por la casa en que vive. No sé si la juventud es divino tesoro o alucinación pasajera.

Cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras. Llega un día en que papá y mamá dejan de protegernos, y la vida nos lleva por caminos empedrados que no elegimos nosotros. Es entonces cuando Jesús nos pastorea, y nos conduce por las sendas que Él anduvo. Termina el tiempo de la alucinación, y comienza el del amor. Es la hora de la Verdad.

(TP07V)