«Fuera de campo» en la parábola del sembrador

La parábola del sembrador es para «devotos». Sólo caben en ella quienes ocupan su asiento en la iglesia durante la misa, o quienes, en su casa, tienen la ocurrencia de abrir la Biblia.

La semilla es la Palabra de Dios.

Pero esa palabra no llega a todos. Muchas personas jamás han escuchado ni leído las Escrituras. Y nadie puede culpar a Dios por ello:

Salió el sembrador a sembrar su semilla.

El Hijo de Dios salió del cielo a sembrar la Palabra que da vida eterna. Cuando volvió al cielo, encargó a los suyos que anunciaran la buena nueva a todas las gentes. Si, hoy en día, muchos desconocen esa palabra, me temo que la culpa es nuestra. No hemos cumplido el encargo que se nos asignó.

¿A cuántas personas no creyentes has hablado de Cristo en el último año?

Sé que, con estas líneas, salgo de los límites de esta parábola para «devotos». Pero en ella, como en los buenos encuadres cinematográficos, siempre hay algo «fuera de campo». Y también forma parte de la escena. Por eso tiemblo: me temo que lo que está «fuera de campo» sea lo que nos acabe dejando a nosotros «fuera de juego».

¡Despierta!

(TOP24S)

“Evangelio