Frívolos

Confieso que Herodes siempre me ha parecido un idiota. No puedo ser imparcial con él. Comido por la lujuria, y dominado por su concubina, encarceló al Bautista. Luego bajaba a la mazmorra a escuchar sus sermones, y disfrutaba. Pero, tras finalizar la homilía, volvía a la cama a fornicar con Herodías mientras –seguro– le contaba lo espiritual y reconfortante que era Juan. Un tipo así me produce nauseas. La frivolidad convierte a los hombres en monstruos de estupidez, capaces de tratar lo sagrado con la misma seriedad con que un niño devora sus «chuches».

A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?

A los frívolos les encantan los milagros. Oyen hablar de apariciones, curaciones y exorcismos, y la excitación mental les puede. Pagarían por alquilar un santo que les moviese los montes delante de su chalet.

Y tenía ganas de verlo.

Finalmente, lo vio. Pero, en lugar de encontrar un taumaturgo, encontró un hombre atado e indefenso. Y lo despreció.

Tú no seas así, por favor. Aprende a encontrar a Jesús en la sencillez de la Hostia, y no me vayas detrás de todo lo «extraordinario» como si te aburriera el silencio de Dios.

(TOP25J)

“Evangelio