Fidelidad

matrimonio cristianoHoy día, apenas se habla de «adulterio». Tenemos nombres más políticamente correctos para eso: «rehacer la vida», «sexo fluido», «un nuevo amor»… En la Biblia, sin embargo, la palabra «adulterio» tiene connotaciones terribles. Puesto que Israel es considerada «novia» y «esposa» de Yahweh, todo pecado supone una forma de adulterio; el pueblo traiciona a su Dios y se desposa con dioses extranjeros o, en el peor de los casos, con los demonios. Quienes escucharon a Jesús hablar del adulterio debieron estremecerse por dentro.

Si uno repudia a su mujer la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.

Según estas palabras, la ruptura de la alianza matrimonial suponía, también, una ruptura de la alianza establecida entre Dios y su pueblo.

Démosle la vuelta, porque lo contrario de adulterio es fidelidad. Fidelidad supone mantenerse unido a Aquél a quien hemos entregado la vida, a quien todo le debemos, a quien más nos ama. Y, entonces, las palabras de Jesús adquieren un nuevo sentido: ser fiel al cónyuge es ser fiel a Dios; perdonar al cónyuge supone ser perdonado por Dios. Tu marido, tu mujer, es la mano tendida de Cristo que te pide la vida.

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