Fantasías animadas de ayer y hoy

Un grupo de escribas y fariseos rodeaba a Jesús y a aquel paralítico, llevado por sus amigos. La mirada del Señor se centró en aquel hombre, y en la impotencia que reflejaban sus ojos, más que sus piernas.

Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados».

¿Creéis, de verdad, que se animó alguien, aparte del propio Jesús? Los escribas murmuraron. Y, en cuanto al enfermo, puede que le animase más la curación de sus piernas que la redención de su alma. Y eso que, años más tarde, esas piernas volverían a ser trabadas por la muerte; mientras el alma, perdonada de sus culpas, alcanza vida eterna.

¡Qué torpes somos! Nos anima más un día de buen tiempo, el inicio de unas vacaciones, o la curación de una enfermedad, que la absolución sacramental o la comunión en estado de gracia. Pero así es nuestro pobre hombre viejo, volcado hacia la mentira de lo material, y de espaldas a los bienes del espíritu. Fantasías animadas.

Despierta, por la oración, al hombre nuevo, y experimenta las verdaderas alegrías, las del Espíritu. Ojalá puedas decir, como la Virgen: Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

(TOI13J)