Estorbos

Me impresionaron, de joven, las palabras de libro «Camino», de san Josemaría Escrivá:

«Todo lo que no te lleva a Dios es un estorbo. Arráncalo y tíralo lejos». (p. 189)

El fundador del Opus Dei iba más allá que el propio Señor, quien dijo:

Si tu mano te induce a pecar, córtatela… Si tu pie te induce a pecar, córtatelo… Si tu ojo te induce a pecar, sácatelo…

Estas palabras nos invitan a apartar de nosotros aquello que nos induzca al pecado. Pero san Josemaría me estaba invitando a prescindir, también, de lo que, sin inducirme al pecado, tampoco me acercaba a Dios. Se trataba, principalmente, de deseos: un buen coche, una buena imagen, un disco que ya no estaba en el mercado, una tarde de ensueño en buena compañía… Nada de eso era pecado. Pero, a decir verdad, eran sólo proyectos personales que no me acercaban a Dios.

Pasaron años hasta que comprendí lo del «estorbo»: cualquier deseo fuera de Dios pesa como un fardo, y se interpone en nuestro camino hacia Él.

No te cuento esto para hacerte una confidencia. Te lo cuento para que te des cuenta del tiempo perdido en desear lo que no es Dios.

(TOI07J)