¡Esto es vida!

Para unos, el hombre no es sino un animal evolucionado. Para otros, es un espíritu encarcelado en un cuerpo grosero, que no será feliz hasta que se libere de las ataduras carnales. Ambos se equivocan; pero, si tuviera que elegir, elegiría a los primeros. Me aterran los espiritualismos. Es más fácil invitar a rezar a quien se cree un simio privilegiado que reconciliar a un espíritu puro con las ordinarieces del cuerpo.

Somos, a un tiempo, seres carnales y espirituales. Somos barro de la tierra que recibió el aliento de Dios. Cuerpos que rezan y espíritus que comen. Precisamente por eso, nuestra existencia no puede ser plena sin oración; pero tampoco lo será jamás sin una copa de vino y un buen plato en la mesa. Nos hace felices, más que nada, el amor limpio. Pero no podríamos gozar ese amor sin un beso, que brota de unos labios de carne.

Un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo… ¿Tenéis ahí algo de comer?¡Bendita carne, benditos huesos, bendita comida! Un día resucitaremos así. Y, entonces, mientras contemplamos el rostro del Señor, quizá frente a una copa de cerveza, gritaremos, llenos de alegría: «¡Esto es vida!».

(TPB03)