Estamos en marcha

Septiembre es caótico. El cambio brusco que supone el fin de las vacaciones y la vuelta a los trabajos, colegios y universidades tiene a media población aturdida. En parroquias como la mía, septiembre un auténtico seísmo «feligresil»: se marchan los feligreses que vinieron a pasar el verano huyendo de los calores de la ciudad, y vuelven los feligreses «habituales», que salieron en verano buscando escenarios nuevos.

Pero, después de septiembre, llega octubre. Los colegios marchan ya a ritmo normal, los trabajos están empezados, y las actividades parroquiales en marcha. Es entonces cuando, tal día como hoy, nos detenemos y nos arrodillamos.

No queremos olvidar que trabajamos para Dios. Ya sea impartiendo catequesis, o llevando las cuentas de una empresa, o limpiando cristales, o atendiendo a los clientes de un supermercado, nuestro trabajo es participación en el misterio de la Cruz. Redimimos almas, y por eso procuramos realizar nuestra labor con perfección.

Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá.

Pedimos que nuestro trabajo dé fruto apostólico. Buscamos a Dios en nuestra labor cotidiana. Y llamamos a las puertas del cielo con nuestro esfuerzo, esperando que se abran para nosotros y para quienes con nosotros trabajan.

(0510)

“Evangelio