Estamos en la gloria

ascensiónSi no se explica bien, el misterio de la Ascensión del Señor puede marcar la vida con un lema un tanto perturbador: «Sufra ahora, y cobre después». En otras palabras: «Chicos, yo ya he cumplido. Ahora me voy al Cielo, y os dejo señalado el camino y la puerta abierta. Recorredlo, y, cuando hayáis entregado la vida, os estaré esperando». Y a uno le dan ganas de preguntar, como los niños: «¿Falta mucho? ¿Cuándo llegamos?».

Pero no es así. Pablo dice que Dios nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el Cielo con Él (Ef 2, 6). No dice «nos resucitará», ni «nos sentará». No falta mucho, ya hemos llegado. Lo que se nos pide es que permanezcamos.

El que crea y sea bautizado se salvará. Y no añade «dentro de cien años». ¡Claro que se nos ha prometido una gloria eterna tras la muerte! Pero esa promesa no es un sobre con la inscripción «no abrir hasta Navidad». Esa promesa la pregustamos hoy. En cada comunión, en cada hora de oración, en cada jaculatoria, estamos ya en el Cielo. Esto, amigos míos, es la gloria bendita. Aunque, por un tiempo, todavía duela. Pero ¡bendito dolor!

(ASCB)