Esos piadosos amantes de los zombis

Todavía no existía el cine de terror, ni el de catástrofes, pero ese oscuro anhelo de la naturaleza humana por todo lo tremebundo y espectacular ya estaba esperando a que llegaran los zombis y las películas sobre el fin del mundo.

Le pidieron un signo del cielo.

Pedían un pequeño adelanto del Apocalipsis; lo suficiente para unas palomitas y unos estertores. ¡Qué caigan dos o tres estrellas del firmamento! ¡Que se desplome algún monte, a ver si le cae encima al de las cabras! Tampoco hemos cambiado mucho. Aún tenemos cristianos adictos al thriller, que salen de un milagro para buscar un exorcismo, y después del exorcismo recorren el planeta en busca de la última aparición.

Jesús dio un profundo suspiro… ¡Cansáis incluso a Dios!

Se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla. Más que a la otra orilla, se fue al otro extremo, al del Calvario y la Eucaristía. Porque ni en la Cruz ni en la Hostia parece Dios.

Sin embargo… ¡Cómo enamora el Crucifijo! ¡Cómo cautiva el alma la Eucaristía!

Queréis encontrar a Dios en el ruido, pero Dios habita en el silencio. Queréis que os infunda temor, y Él quiere moveros al amor.

(TOI06L)