Esforzaos

A cada uno de nosotros nos ama Dios con amor de predilección. Por cada uno de nosotros ha enviado a la muerte a su Hijo, a fin de que no perezcamos, sino que tengamos vida eterna. Muchos de nosotros experimentamos ese amor cuando recibimos la absolución sacramental, cuando comulgamos, y cuando, en oración, nos sabemos amados con divina locura por nuestro Redentor.

Pero si creyésemos que, por el hecho de ser amados así, ya estamos salvados, y que nuestra salvación no requiere de ningún esfuerzo por parte nuestra, no sólo seríamos necios; además, nos condenaríamos, como quienes decían: Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas. Que alguien tan amado por Dios, al fin, se condene, sería una verdadera tragedia.

Por eso es urgente que recordemos, en todo momento, la admonición del Señor: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. El Amor de Dios ha abierto esa puerta, la de la Cruz, para nosotros. Ahora nosotros debemos cruzarla, configurando nuestra vida con el Crucifijo. Si no mortificamos la carne, si no perdonamos las ofensas, si no sufrimos con paciencia las adversidades, si no amamos a nuestros enemigos… no nos salvaremos, por mucho que Dios nos ame.

(TOI30X)