Ese dolor de amor tan dulce

Éstos son mi madre y mis hermanosLa Virgen de los dolores es la Virgen de los amores. Porque su dolor es dolor de amor. Cualquiera que ame de verdad sabe que, en esta vida, el amor siempre viene bañado en lágrimas. Sólo en el Cielo amaremos sin sufrir.

Es el amor que la Virgen siente por su Hijo el que la lleva a compartir sus padecimientos. No todos aman a Jesús así. Quien sólo se acerca a Jesús buscando su propio provecho sufre más por sí mismo que por el Señor. Le pide: «¡Jesús, sálvame de este dolor!», y es su propio dolor el que sufre.

Pero quienes aman de verdad a Cristo deben prepararse para compartir sus padecimientos, como los compartió la Virgen. Esas almas escogidas no tienen ya dolores propios; sus llagas son las del Señor, sus soledades son las del Madero, su hambre y su sed son las de Cristo.

En ellas se cumplen las palabras de san Pablo: Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia (Col 1, 24). No hay dolor como ése. Es dolor dulce, muy dulce. No se cambia por todos los placeres de la tierra.

(1509)