Escucha

La fórmula con que los niños hispanohablantes aprenden el primer mandamiento de la Ley de Dios deja mucho que desear: «Amarás a Dios sobre todas las cosas». Es un resumen bastante deficiente del precepto escrito en el Deuteronomio: Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Dt 6, 4). Por tanto, la Ley de Dios comienza con esta palabra: Escucha.

Sobre el Tabor, Yahweh renovó, de forma misteriosa, ese primer precepto cuando, ante su Hijo transfigurado, dijo: Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo. Y es que, en Cristo, Dios ha dicho todo lo que tenía que decir al hombre.

Hoy, sábado, parece que la Tierra hubiera escuchado a ese Verbo consumido hasta el silencio en la Cruz, y que guardara en sus entrañas a esa Palabra que yace, dormida, en el sepulcro. Mañana, domingo, será la propia Tierra la que, al abrirse el sepulcro, despegue sus labios para gritar la Palabra, anunciada ya como Palabra de vida.

Haz como ella, haz como María: guarda hoy la Palabra en tu corazón, y grítala mañana con tu vida.

(TOI06S)