Esa vida que se desborda

Desde el domingo de resurrección, no ha cesado de aparecer en la liturgia la palabra «vida». Dios envió a su Hijo –dijo Cristo a Nicodemo– para que quienes creen en Él tengan vida, Él es el pan que baja del cielo y da vida al hombre, y Él es –escuchamos hoy– el buen pastor que ha venido para que sus ovejas tengan vida, y la tengan abundante. Estamos ya en la cuarta semana de Pascua, y la vida mana a borbotones desde ese manantial sagrado de la liturgia.

Se trata de una vida nueva, que no se identifica con el latir del corazón, sino con el gozo del alma en gracia. Muchos, cuyos corazones dejaron de latir hace años, disfrutan esa vida para siempre. Y muchos, cuyos corazones laten sin parar por las calles y avenidas, sin embargo, están muertos.

¿Y tú? ¿Qué vida estás viviendo? ¿Gozas de esa vida nueva, notas su alegría en tu alma, saboreas ese aire fresco del Espíritu? ¿O sigues atrapado en esa vida antigua que desemboca en la muerte? ¿Cuáles son tus penas y alegrías, las de ayer o las de este hoy eterno que Cristo ha abierto para ti? Si aún duermes… ¡Despierta!

(TP04L)