Eres un pueblo

Normalmente, escuchamos la parábola del sembrador e imaginamos a cuatro grupos distintos de personas, uno por cada terreno. Pero tú mismo eres un pueblo. Y no estaría mal que conocieras el mapa de tu propia geografía.

Algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron. Si la palabra queda en la carne, en un mero vibrar del tímpano, los demonios se la llevarán sin que cunda.

Otra parte cayó en terreno pedregoso, y, después de brotar, se secó por falta de humedad. Si recibes la palabra en la tierra de los afectos y emociones, donde todo es impulsividad, brotará deprisa, pero, como los propios impulsos, se secará rápidamente.

Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron. Si recibes la palabra en la inteligencia, son tantos los afanes que llenan tu pensamiento, que se perderá entre ellos.

Y otra parte cayó en tierra buena, y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno. Pero si recibes la palabra en la tierra silenciosa del hondón del alma, como la Virgen, dará fruto abundante.

Para hacerlo así, mientras Dios habla… ¡Calle toda carne ante el Señor! (Ha 2, 20).

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