Eres un cielo

¿Qué quiere decir la madre, cuando susurra a su pequeñín: «Eres un cielo»? ¿Qué quiere decir el enamorado, cuando llama «cielo mío» al ser amado?

Me hace gracia la expresión. Tras ella hay una intuición muy poderosa: el Cielo, más que un lugar, es una persona. Esa persona es Cristo. El Cielo es estar con Él. Y, por eso, a quien nos transmite esa paz y esa alegría que –lo sepamos o no– manan de su costado, le llamamos «cielo».

Pero tú, Virgen María, eres puro cielo. Tu alma es cielo, porque es inmaculada y limpia. Tu corazón es cielo, porque es embalse donde se remansan los sentimientos de Cristo. Y tu cuerpo es cielo, porque jamás fue manchado con la más leve sombra de pecado. Esas manos tuyas, esos tus pies, esa lengua oculta tras tus labios, nunca se movieron más que para servir a Dios. Tu vientre fue huerto sellado y Paraíso terrenal, pues sólo el Verbo Divino moró en él.

No podía Dios permitir que un cuerpo que era cielo en la tierra fuese devorado por gusanos. Por eso, al alzarte a la derecha de tu Hijo, no hizo sino llevar al Cielo lo que era cielo.

(1508)