Entrando y saliendo a la vez

Toda puerta es de entrada, o de salida, según el sentido en el que la cruces. Lo difícil es encontrar una puerta por la que, al entrar, salgas.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

Cuando, de lejos, miras a la Cruz, ves la entrada a la morada oscura de la muerte. Te crees libre en tu vida, como en un espacio abierto. ¿Por qué cruzar esa puerta estrecha, y adentrarte en las tinieblas del dolor, donde tres clavos te impiden incluso moverte?

Te acercas un poco más, y contemplas la llaga del costado. Entonces reconoces tu primera equivocación: no es en la muerte donde entras. Si cruzas esa puerta, serás recibido en la intimidad de un corazón amorosísimo, y allí encontrarás tu morada. Entonces quieres entrar.

Pero, cuando has traspasado la puerta, un torrente de luz te desvela el mayor de tus errores: no has entrado, has salido. Ahora gozas de vida eterna, y el Cordero es tu luz. Caminas entre los pastos del cielo, y en ellos te alimentas con delicias divinas. Entonces, sólo entonces, te das cuenta de lo angosta y mezquina que era tu vida.

(TP04L)