En resumen: déjate comer

Sagrada HostiaQuizá nos guste leerlo, pero nos cuesta aceptarlo: Si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto. Si lo llevamos a la vida, tal como suena, creemos que nos tomarán por idiotas, se nos echarán encima, y seremos el felpudo de la Humanidad. ¿De verdad Dios nos pide «eso»?

Habría que realizar la pregunta mirando a un crucifijo, y recordando a quién estamos siguiendo. Desde luego, nadie tomó a Cristo por idiota. Pero en verdad se le echaron encima y lo pisaron hasta aplastarlo. La Pasión fue una comunión sacrílega: el sacratísimo cuerpo del Salvador fue devorado por chacales. Y Él, como hace en la Eucaristía, se dejó comer. Se sigue dejando comer hoy, en cada Hostia, tanto por quienes se lo comen a besos como por quienes lo profanan.

Por tanto, no te engañes, ni busques interpretaciones «tranquilizadoras» el Evangelio. A ti, que comulgas, el Señor te pide que te dejes comer; que seas, también Eucaristía. Y que, si alguien viene a darle un mordisco a tu tiempo, a tu honra, o a tu amor propio, te quejes tanto como se quejó Él: nada.

(TOI11L)