En lo alto del monte

Jesús, como tantas veces, pasó la noche orando a Dios en lo alto del monte. Dejaba las multitudes abajo, y subía, a solas, para orar.

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce… Y la imaginación, que busca revivir la escena, se pregunta: ¿Cómo los llamó? No creo que sacara el teléfono móvil y pulsara en el contacto de Pedro. Y a gritos tampoco me parece probable. Quizá comenzó a bajar, encontró un pastor, y le pidió que llamara a los suyos.

El caso es que los apóstoles subieron, y sobre el monte fueron elegidos. No existe otro lugar, sólo en ese monte de la vida espiritual se escucha la llamada de Cristo. Cuando permanecemos abajo, sumergidos en asuntos y urgencias de la tierra, el ruido nos impide oír al buen Pastor, y nos entristecemos. Pero si nos recogemos en oración, y subimos de nuevo al monte, en el silencio escuchamos su voz y recuperamos la alegría.

Después de bajar, se paró en una llanura. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades. Abajo hay curaciones y gracias propias de quienes inician el camino, pero la voz que enamora sólo se escucha arriba.

(TOI23M)