En el momento mejor

Si la rebeldía contra Dios fuera una enfermedad (¿no lo es?), y hubiera que realizar una etiología (es decir, un análisis de las causas) de esa enfermedad, probablemente concluyéramos que, en la mayor parte de los casos, el motivo por el que los hombres se rebelan contra Dios es la muerte. Y, de manera especial, la muerte de personas jóvenes. Cuando muere un niño, un adolescente, o una persona de cuarenta años, se abre un trágico interrogante: «¿Por qué?». No sabemos cerrarlo, nos rebelamos contra Dios, y se lo escupimos a la cara: «¿Por qué?».

Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega. Somos incapaces de asumir que no es posible cerrar ese interrogante desde aquí. Los datos que tenemos son muy pocos, y están enturbiados por una gran carga emocional. Sólo si pudiéramos trasladarnos al otro lado, al de lo eterno, al de Dios, lograríamos entender.

Porque sólo Dios sabe cuándo es el mejor momento para cada uno. Y llama a cada hijo suyo en ese momento mejor, cuando el grano está a punto. En lugar de rebelarnos, deberíamos sentir una gran paz: también a nosotros nos llamará en el momento mejor.

(TOB11)