En el Cielo no hay cobertura 5G

Hace veinticinco años, vivíamos tan contentos con el gprs. Luego vino el 3G; después, el 4G; y, ahora, nos anuncian el 5G. Las velocidades de la conexión a Internet se vuelven estratosféricas. Hace cien años, la mayor parte de la población no tenía teléfono. Y, hace quinientos años, las cartas tardaban semanas en llegar.

Está visto que cada vez vivimos más deprisa. Pero Dios no se acomoda a nuestros vértigos, se ríe de ellos, y se goza en hacernos esperar, como a las vírgenes de la parábola:

El esposo tardaba

La gente querría una oración 5G: rezas un padrenuestro, y, antes de que termines, tienes el milagro servido. Pero lo cierto es que no hay 5G para la oración. Dios, normalmente, se retrasa, y nos hace esperar.

Nos sienta bien. La espera nos vuelve humildes y fieles; la velocidad nos atonta. Pero, para que la espera aproveche, es preciso velar.

Velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Mientras Dios te hace esperar, debes seguir rezando y mantener viva la esperanza. Recuerda que mucho te ha esperado Dios a ti (tampoco te has santificado con 5G, precisamente). No hay nada de malo en que aprendas a esperar a Dios.

(0908)