Empezando con buen pie

Las témporas de acción de gracias y petición se han convertido en un «comienzo de curso» litúrgico. Un poco tarde, porque desde septiembre andamos todos en danza, y las vacaciones de verano son ya historia, pero, como la dicha es buena, el retraso se disculpa.

Hora de rectificar la intención. Tres actitudes nos propone la Iglesia para comenzar nuestros trabajos. Y, si no las hemos adoptado desde septiembre, octubre es buen momento para enderezar el camino:

– Gratitud: Te damos gracias, Señor, porque trabajamos para Ti. No trabajamos para la empresa, ni para el PIB, ni siquiera –en primer término– para los demás. Nuestro trabajo es ofrenda a Ti por todas las almas, Tú eres nuestro jefe, trabajamos en tu viña. ¡Gracias por habernos elegido!

– Contrición: Te pedimos perdón, Señor, si, en nuestro trabajo, nos hemos dejado llevar por la desgana, el egoísmo, la cicatería; si no hemos sido generosos, procurando ofrecerte un trabajo bien hecho hasta el final.

– Petición: Ahora que retomamos nuestras labores, te pedimos que las consagres para que den fruto, y ese fruto queremos que sean, principalmente, almas. Que no nos conformemos con santificarnos –¡como si fuera poco!– sino que nuestro trabajo santifique también a los demás.

(0610)