Empatías cruzadas

Vamos a practicar la empatía con el administrador infiel, y ya veréis cómo él nos lleva de la mano a otro personaje maravilloso del Evangelio.

Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: «En adelante no podrás seguir administrando».

Hasta entonces, vivía entre riquezas. No eran suyas, pero disponía de ellas y no le faltaba nada. De repente, cuando sus desmanes salieron a la luz y fue despedido, se vio en la calle sin nada. No tenía ni dónde caerse muerto; de ahí su afán por hacer amigos que lo recibieran en su casa.

Mirad ahora al buen ladrón. Ha vivido en la opulencia con sus robos, pero, al ser capturado, de repente se ve desnudo en una cruz y sin hogar. Y hace lo mismo que el administrador infiel: busca la amistad de Jesús, para que Él lo reciba en su Reino. Le salió muy bien.

Estamos en el mes de difuntos. ¿No te sientes desprotegido ante la muerte? Haz, tú también, un Amigo que te reciba en su Casa. Trata al Señor, ámalo, y tendrás hogar aquí en la tierra y, después, en el cielo.

(TOI31V)