Él y tú

No me gusta contar gente. Me parece una falta de respeto. Por contar gente fue castigado el rey David. Y es que sólo hay gente cuando la contamos. Cuando no los contamos, hay personas.

Durante los peores momentos de la pandemia del coronavirus, tuvimos que contar gente, porque el aforo estaba limitado. En cuanto pudimos, guardamos en un cajón esos artefactos contadores que convierten en gente a las personas. «¿Cuánta gente ha venido a misa esta mañana? ¿A cuántas personas ha confesado usted?». La respuesta siempre debería ser: «uno».

Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? El rebaño de Jesús sólo tiene una oveja. Y esa oveja eres tú. Por redimirte a ti viene Jesús a la tierra. Por ti padece muerte de Cruz. Por ti, sólo por ti, ha instituido la Iglesia y los siete sacramentos. Por ti se muere de Amor, como si nadie más existiera en la tierra.

Y cuando, en la Iglesia, nos reunimos y nos amamos como hermanos, no somos gente. Somos «pueblo»: la unión amorosa y divina de historias únicas, irrepetibles y maravillosas.

(TAO2M)

“Misterios de Navidad