Él trabajó primero

Cada mañana, al levantarnos, deberíamos escuchar esa voz del cielo: Id también vosotros a mi viña.

Es la voz del Señor, que nos llama. En varias ocasiones, durante su vida, comparó el reino de los cielos con una viña. Y el trabajo, en una viña, consiste en sacar vino. Para que no nos desanimemos, Él trabajó primero. Quien al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña, antes de salir, se agotó durante la noche hasta morir. Y, como Vid de Dios, fue pisado en el lagar de la Pasión hasta que, de su costado, brotó el vino nuevo que nos alimenta cada día.

Id también vosotros a mi viña. Trabajar en esa viña es un privilegio; no se comprende a aquellos empleados que sintieron envidia del buen ladrón, quien sólo durante unos minutos pudo amar a Cristo como lo amó, aunque heredase el reino de los cielos. Pero, a la vez que un privilegio, trabajar en esa viña es un sacrificio; el único sacrificio que vale la pena. Conlleva dejarse pisar, cansarse por Dios, aceptar humillaciones, contrariedades y enfermedades para unirse al sacrificio de la Vid. Y, sobre todo, conlleva obedecer; porque, obedeciendo, entregamos cada minuto de nuestras vidas.

(TOI20X)