El tiempo entre «pedid» y «se os dará»

Dice el Señor: Pedid, y se os dará.

He tardado diez segundos en escribirlo. Si lo pronuncias en voz alta, tardas menos de tres.

Pero lo cierto es que, cuando te encuentras postrado ante Dios, entre pedid y se os dará pueden mediar años.

Porque tú pides, y quisieras que Dios fuera una máquina de refrescos. Echas el euro por la rendija, y «¡Clank!», el refresco cae. Pero ya habrás comprobado que no es así. Pides una vez… y no pasa nada. Vuelves a pedir… y no pasa nada. Quienes, después de eso, siguen creyendo que Dios es una máquina de refrescos, piensan que «no les funciona la religión». Y la emprenden a golpes con la máquina: «¡Dios no me ama! ¡Dios no me escucha! ¡Dios no existe!».

Dios te ama, te escucha, y, desde luego, existe. Pero no funciona así. Sobre todo, porque Dios no «funciona». Dios «es».

Sus tiempos no son los tuyos. Si quiere mantenerte en oración durante años, no desistas. Porque, en ese tiempo, te dará incluso más de lo que pides. Te hará humilde ante Él. Y, después, cuando llegue el momento, te dará también lo que le pedías, si lo que pedías es bueno.

(TC01J)