El telonio del publicano

vocaciónEse hombre llamado Mateo, que estaba sentado al mostrador de los impuestos, sujetaba fuertemente su telonio. No apartaba la vista de la mesa, no fuera a ser que alguien más codicioso que él echara mano distraídamente a sus monedas. Con semejante vigilancia sostenía su pequeño mundo para que no se cayese.

Hasta que llegó un Hombre, y le robó todo. Sígueme. Bastó una palabra, y el que Leví, en un descuido imperdonable, apartase los ojos del telonio para fijarlos en los ojos del Maestro. No diré que cayó fulminado, porque, en lugar de caer, se levantó y lo siguió. Fue su pequeño mundo el que cayó. Él fue atrapado por horizontes inabarcables.

Pensamos en aquel publicano abandonando todas esas cantidades de dinero, y nos equivocamos. No entendemos que lo más difícil de abandonar, lo que realmente nos impide seguir a Jesús, no es el dinero.

El verdadero telonio que nos mantiene clavados en tierra está en nuestro corazón, tan pegado a las cosas de la tierra; en nuestro pensamiento, atrapado por preocupaciones estúpidas y empeñado en sujetar el mundo para que no se caiga.

Si dejásemos todo eso, y entregásemos a Jesús el corazón y el pensamiento, volaríamos tras Él.

(TOP13V)