El susto y la paz

Del Señor se dice, en los evangelios, que crecía, que pasó sed, que se asombraba, que experimentó angustia y pavor… Todo ello son detalles preciosos, porque nos muestran la humanidad santísima del Redentor. Sin embargo, nunca se dice que Jesús se asustara. Los sustos son todos de los apóstoles, y hay unos cuantos; por cierto, todos relacionados con fantasmas.

Viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque se asustaron. El susto de los Doce ya lo habían pasado, hacía siglos, los profetas ante las grandes teofanías. Ese Cristo caminando sobre las aguas en medio de la noche y envuelto en tempestad recuerda mucho a aquellas visiones terribles. Y es que Dios, mirado así, de lejos y entre tinieblas, da miedo.

Entonces dice Jesús: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». Entró en la barca con ellos y amainó el viento. De cerca, Dios sosiega. Cuando, ya resucitado, Jesús se aparezca a los Doce, también se asustarán y lo tomarán por un fantasma hasta que les invite a tocarlo. Entonces se apaciguarán.

Dios está cerca. Se ha hecho carne, ha subido a nuestra barca, camina con nosotros y entre nosotros, vive en nosotros… No temamos.

(0901)

“Misterios de Navidad

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