El Sábado y el Hombre

Dice Jesús que el sábado se hizo para el hombre, y rápidamente entendemos que Dios quiso que el hombre descansara durante el séptimo día. Pero quizá no convendría ser tan rápidos. Hay algo más, un tesoro escondido tras estas palabras.

El Hombre es Cristo, y el sábado se hizo para Él, porque todo fue creado por Él y para Él (Col 1, 16). Por eso el Hijo del hombre es señor también del sábado.

Cristo tomó posesión del su sábado cuando reposó en el seno de la tierra en el Sábado Santo. Ese día fue, en realidad, el último día de la antigua Creación, cuando el Verbo descansó de todo lo que había hecho, y preparó al mundo para el día octavo, el Domingo, primer día de la Creación nueva.

Con todo, aunque nuestras almas en gracia disfrutan ya del domingo, nuestros pobres cuerpos permanecen en la muerte, en un largo sábado que concluirá cuando el Señor vuelva sobre las nubes. Hasta que despunte ese día, como a los apóstoles, nos han arrebatado al Esposo. Y, también como ellos, comemos en sábado el Pan de vida, el cual nos sustenta en este mudo hasta que llegue el domingo sin ocaso.

(TOI02M)