El ruido y el bien

hijo del hombreDicen que «el bien no hace ruido, y el ruido no hace bien». Es cierto. Hace más ruido un energúmeno gritando blasfemias que cien monjes orando en silencio. Si el energúmeno, además, empuña un arma, aparecerá en grandes titulares en la prensa. Si los cien monjes se santifican, nadie se enterará.

No sé por qué, hay quienes parecen empeñados en que el bien haga ruido. Quieren grandes montajes, costosas campañas publicitarias, sofisticadas estrategias de marketing. Dicen que no es justo que los «buenos» permanezcan escondidos, y quisieran ganarle al mal la batalla del ruido. Pero, cuando la hayan ganado –si la ganan–, ¿seguirán siendo tan «buenos», alejados ya del silencio? El ruido está tan lleno de mentiras como está el silencio lleno de verdad.

Yo les aconsejaría esperar. Cuando Jesús vuelva, el bien hará ruido: Como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo el hombre en su día.

Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación. Déjale, por ahora, el ruido a los malos, y refúgiate tú en la Cruz. Desde allí, en silencio, se redime la tierra. Las almas no se salvan con pirotecnia.

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