El robo de la Ley

Las palabras dirigidas por los fariseos a aquellos soldados que había quedado prendados de Jesús eran terribles:

¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos.

El hecho de pensar que el estudio de la Ley pudiera alejar a los hombres del propio Hijo de Dios produce escalofríos. Por lo que a ellos se refería, sus palabras eran verdaderas: quienes pasaban la vida estudiando la Torah rechazaron a Cristo, mientras los publicanos y meretrices, que nada sabían de la Ley, se rindieron ante Él.

Por sobrecogedor que resulte, el estudio de la ley divina puede alejar al hombre de Dios. Sucede cuando los preceptos del decálogo, en lugar de leerse y venerarse como un camino que conduce al Padre, se utilizan como instrumento para obtener un interés personal. El joven rico cumplía la Ley, y rechazó a Cristo.

Haces el bien… para que te lo agradezcan; para sentirte a gusto contigo mismo; para considerarte mejor que los demás; para que te alaben; para dormir tranquilo; ¡para no ir al infierno!

Devuélvele a Dios la Ley. Haz el bien para besar a Dios.

(TC04S)