El retrato rasgado

Apenas hace un año de la boda. Y él se ha tenido que marchar lejos. Su cargo se lo exige. Ella lo comprende, pero se le ha hecho trizas el corazón. Todas las tardes, antes de acostarse, saca de la cartera la fotografía de su marido y la mira entre lágrimas. Habla al retrato, y hasta imagina que él le sonríe desde la foto.

Una tarde, y otra tarde, y otra… Pasaron muchas, muchas tardes. Y las últimas traían el eco de una pregunta: ¿Se seguirá pareciendo a esa imagen? Hasta que una tarde, mientras ella miraba al retrato, se abrió la puerta y entró él. Ella rompió la foto en mil pedazos y abrazó a su marido. ¿Para qué quiere ya el retrato, si tiene a su esposo entre sus brazos?

En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes.

No te extrañe, cuando llegue, el gran cataclismo. Porque cielo y tierra proclaman hoy la gloria de Cristo. Pero, cuando aparezca el Esposo, el retrato se rasgará. Ya no lo necesitaremos.

(TOB33)