El primer mandamiento son dos

Después de la trampa de los fariseos vino la de los saduceos. Y, fracasadas ambas intentonas, los escribas se acercaron al Señor para tenderle también la suya.

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» ¡Cuántas discusiones, en la sinagoga y en el Templo, sobre la dichosa pregunta! Quizá el escriba esperaba que Jesús diese la razón a unos o a otros. Pero la respuesta del Señor rompió el nudo gordiano de aquellas disputas académicas con un tajo sorprendente: El primer mandamiento son dos. El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». El segundo es este: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No hay mandamiento mayor que estos.

El escriba quedó sorprendido: Muy bien, Maestro. Sin duda tienes razón. Asunto zanjado…

¿O no? ¿Lo tienes claro tú? Si tu oración no te lleva a entregarte más al prójimo, a perdonar más, y a ser más paciente con los tuyos, no creas que, por rezar mucho, estás amando a Dios. Tan sólo te estás escondiendo.

(TOI09J)