El primer escalón

Al P. Agustín Liébana, un religioso agustino que va camino de los altares, le oí hablar de los cuatro grados de la caridad: Amar al prójimo como a uno mismo, amar al prójimo como a Cristo, amar al prójimo como Cristo lo ama, y amar al prójimo como se aman entre sí la tres divinas personas. Él aseguraba haberlo aprendido de san Agustín, pero nunca he llegado a leer esta doctrina en los escritos del santo. Mi Agustín, el P. Agustín, insistía mucho en que esos cuatro escalones deben subirse de uno en uno. No se puede pisar uno sin haberse asentado antes en el anterior.

Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos. No puedes amar al prójimo como a Cristo, ni cumplir el mandamiento nuevo, si primero no cumples esta regla de oro. Es el primer escalón. Y, sin embargo…

¿Te gustaría que hablasen de ti como hablas de «esa persona»? ¿O que pensaran de ti como piensas de «esos prójimos»? ¿O que te respondieran con las formas con las que respondes a quien te interrumpe? ¿O que te atendieran con ese humor?

Sube al primer escalón. Y, después, volvemos a hablar.

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