El precio de tu pecado

La frase de san Marcos es, como todo su evangelio, muy escueta: Se le acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Tras esas breves palabras, se oculta una escena sobrecogedora. Porque el leproso, considerado impuro, no ocultaba su enfermedad, sino que tenía obligación de anunciar a gritos su presencia. Y las gentes que estaban allí, mientras se acercaba, no salían de su asombro. Se apartaban para no contaminarse, y, finalmente, guardando las debidas distancias, dejaron al enfermo a solas con Jesús.

Todo un preludio de la Cruz. Pero, en la Cruz, el leproso era Él. Y quienes, antes, se habían pisado unos a otros con tal de tocar la orla de su manto, ahora se apartaban de Él para no ensuciarse con la maldición del que cuelga de un madero.

Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». Al tocarlo, contrajo Jesús la impureza del enfermo, y a él le devolvió la limpieza.

Recuérdalo cada vez que confieses tus pecados, y llora de amor. Porque, para que tú quedes limpio, el Hijo de Dios ha tenido que ser tomado por maldito. Pecar no sale gratis… A Jesús le ha costado mucho redimirte.

(TOB06)