El poder de la palabra

familiaAquel centurión vivía en un entorno –el ejército romano– donde la palabra tenía un enorme poder. Yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; a mi criado: «Haz esto», y lo hace. Por eso le pareció innecesario que Jesús se tomara la molestia de acercarse hasta su casa: Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano.

La Iglesia nos muestra el ejemplo de este hombre porque nuestra esperanza está puesta, precisamente, en la Palabra, en el Verbo de Dios. Dios se dispone a hablar, y la Iglesia, con sus ojos fijos en Él, en silencio los labios y abiertos los oídos, desea ardientemente acoger la Palabra salida de su boca.

Silencio. Es un buen propósito para el Adviento. Seguramente, el mejor. No se puede escuchar en medio del ruido, ni acoger la palabra del otro si uno no está callado. Por eso te sugiero que, durante estas cuatro semanas, busques tiempos de silencio y leas los santos Evangelios como quien acoge al Señor en lo profundo del corazón.

Nos enviarás tu Palabra, Señor, y quedaremos limpios. Habla, que tus siervos escuchan.

(TA01L)