El pan bueno es el pan del día

El Padrenuestro es un pozo de gracia sin fondo. Uno podría pasar la vida meditándolo.

De las siete peticiones que contiene, seis de ellas las pedimos para siempre: deseamos que el nombre de Dios sea siempre santificado, que su reino venga perpetuamente sobre nosotros como lluvia, que su voluntad se cumpla eternamente, que su perdón no se agote, que jamás nos deje caer en la tentación, y que nos libre siempre de todo mal. Sin embargo…

Danos cada día nuestro pan cotidiano.

El pan lo pedimos sólo para hoy. Y lo hacemos en contra de nuestro instinto, puesto que la carne, con sus miedos, desearía tener asegurado el pan hasta la muerte. Ahorramos para el mañana, nos hacemos seguros de salud y de vida, e incluso los casados, si podéis, guardáis dinero para el porvenir de vuestros hijos. Pero, cuando rezamos el Padrenuestro, negamos esos miedos y decimos:

Danos cada día nuestro pan cotidiano.

El pan del día es el que está bueno. El de ayer se endureció, y el de mañana aún no está cocido. Si, después, cumpliéramos en la vida lo que pedimos en el Padrenuestro, semejante abandono en la Providencia nos haría vivir con una paz inquebrantable.

(TOP27X)

“Evangelio